martes, 2 de marzo de 2010

CUENTO DE HADAS


Érase una vez, un grupito de hadas que venían de diferentes partes del mundo: de Novelda, Sax, Petrer, Monóvar, Yecla, Biar, Villena y Elda.

Todas buscaban un lugar para hacer realidad sus sueños. Aquel lugar era el bosque mágco llamado I.E.S, que significa Ilusión, Esperanza y Sueños, del Valle de Elda.
Este bosuqe estaba habitado por unos maestros de la magia que desde un primer momento, su deseo fue que las hadas encontraran su esencia y la hicieran suya.
Las hadas no tardaron en darse cuenta de que la unión hace la fuerza, y juntas comenzaron su camino. A lo largo de éste, adquirieron el poder de transformarse, de plasmar la vida en palabras, de crear un todo a partir de un algo. Comprendieron el porqué de las cosas y, con la unión de todas estas fuerzas, se creó la más poderosa de todas, la del arte de enseñar.

Este camino fue muy largo, y la luz de algunas de ellas se fue apagando, perdió su fuerza poco a poco, por eso las demás hadas formaron una sola luz. Pero esa luz no brillaba siempre con la misma intensidad, ya que las hadas vivían en armonía, pero todas comprendían y entendían que esto formaba parte de sus vidas. Cada una valoraba lo que las otras le aportaban y sabían aceptar sus errores.
Pero en el bosque no sólo había vida para aprender, sino también para disfrutar. Y estas hadas no sólo eran conocidas por su poder, sino también por sus escapadas, ya que cuando se juntaban alrededor del árbol de la fiesta, el cielo se iluminaba con mil colores.
El tramo final del camino fue el más duro: las hadas tuvieron que concentrar todo su poder para poder superar las duras pruebas a las que sus maestros las sometían, pero su unión y su gran ilusión por conseguir sus sueños, hizo que las hadas sacaran fuerzas para llegar hasta él.
Y esta historia, igual que su camino llega a su fin. Pero las hadas que un día llegaron, no son las mismas que ahora se van.
Crecieron en magia, pero lo más importante, crecieron en corazón.
Un adiós jamás tendrá sentido en esta historia, ya que la luz de unas está dentro de las otras.

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